
Saludos. Hay una realidad que verdaderamente, en ocasiones, es contingente siquiera mencionarla porque simplemente la conocemos todos, es algo así como parte del conocimiento empírico. Tan cerca, tan palpable, tan mexicana, que ya es excesivamente cotidiana. Y esta realidad consiste en que no nos gusta ver cine mexicano, más aún, no estamos acostumbrados a hacerlo. Ya no sé si me atrevería a decir que hay personas que dudan si el cine mexicano se extinguió en la década de los 80 (físicamente, porque en esencia muchos concuerdan con este punto).
Es duro, claro que lo es. Y no pretendo entablar una conversación con usted sobre la historia del cine mexicano, para nada. Pero déjeme decirle algo que ambos sabemos muy bien: el cine mexicano, aunque nos duela - y aun aceptando que quizá no conozca ni la cuarta parte de los filmes previos a mi época- nunca ha sido brillante. Quiero utilizar esto como antecedente de una sociedad -por sus características- que es cruel con lo que es su propiedad.
Y es que el discurso siempre es el mismo, si tienes 500 pesos, o te puedes comprar un reloj más o menos decente de alguna marca no tan prestigiada -pero al final genuino-, o una copia vil y barata de un rolex. Y disculpe por el ejemplo tan austero, pero en mi opinión, al cine mexicano actual le pasa exactamente lo mismo.
Por querer aparentar por muchos años, lo que no somos, los filmes mexicanos han dejado la esperanza latente de un guión original a un lado y se han basado en estereotipos notablemente norteamericanos. Y si no, nada más hace falta ver que las que tienen dicha tendencia, son las películas que han sido más "exitosas" en nuestro país -o por lo menos en su mayoría-.
Afortunadamente, hoy puedo decir que a mi consideración, el cine mexicano da chispazos agigantados de vez en cuando.
Rodrigo Plá, un experimentado director y guionista mexicano incluido en el movimiento de los 90 "Nuevo Cine Mexicano" -esta serie de personas dedicadas al cine que prometieron bastante y quedaron a deber un poco más- vuelve a la marquesina con una buena película que pareciera el retrato abstracto -y ni tanto- del pensamiento profundamente arraigado en cuanto a creencias y costumbres (y eso que me quedo corto) de la sociedad mexicana, Desierto Adentro.
Nos encontraremos con una profunda historia llena de matices y peculiaridades. Un campesino con una devoción -a su conveniencia- explícitamente entendible para nosotros que se ve perturbada por sus malas acciones, entrando así a un mundo creado por sí mismo en donde un supuesto pecado imperdonable lo ha marcado de por vida por una condena de Dios, llevando consigo a sus propios hijos.
Claro, no todo lo que brilla es oro. Dos horas en la sala de cine bien pudieron parecer tres para mí. Una forma de llevar la trama de una manera lenta, sin exagerar, ensalsa a la mayoría de las críticas.
Un mensaje lleno de oscuridad. Y digo oscuridad porque es ahí en donde aparentemente no se vé nada, pero en donde ese nada puede ser un gran baúl de indirectas de carácter estruendoso.
Una reflexión sobre el desierto en que vivimos y sobre los desiertos que creamos dentro del mismo. Un vistazo al metatexto de la Biblia, y otro al discurso de la Ilgesia. Una lluvia de impactos que le pegan a cualquier persona, aunque en primera instancia lo neguemos a morir.
Un filme que incluso, toca temas complejos como la cosmovisión propia de un pueblo y la religión. Pero también un filme que retrata fácilmente la basura mental con la que nacemos, crecemos y morimos.
Imcine, que desde hace tiempo no era ovacionado, ahora tampoco lo es -por infinidad de razones-. Un gran aplauso para Rodrigo Plá, un guerrero en el desierto, me parece mejor. Nos encontraremos de nuevo.
Es duro, claro que lo es. Y no pretendo entablar una conversación con usted sobre la historia del cine mexicano, para nada. Pero déjeme decirle algo que ambos sabemos muy bien: el cine mexicano, aunque nos duela - y aun aceptando que quizá no conozca ni la cuarta parte de los filmes previos a mi época- nunca ha sido brillante. Quiero utilizar esto como antecedente de una sociedad -por sus características- que es cruel con lo que es su propiedad.
Y es que el discurso siempre es el mismo, si tienes 500 pesos, o te puedes comprar un reloj más o menos decente de alguna marca no tan prestigiada -pero al final genuino-, o una copia vil y barata de un rolex. Y disculpe por el ejemplo tan austero, pero en mi opinión, al cine mexicano actual le pasa exactamente lo mismo.
Por querer aparentar por muchos años, lo que no somos, los filmes mexicanos han dejado la esperanza latente de un guión original a un lado y se han basado en estereotipos notablemente norteamericanos. Y si no, nada más hace falta ver que las que tienen dicha tendencia, son las películas que han sido más "exitosas" en nuestro país -o por lo menos en su mayoría-.
Afortunadamente, hoy puedo decir que a mi consideración, el cine mexicano da chispazos agigantados de vez en cuando.
Rodrigo Plá, un experimentado director y guionista mexicano incluido en el movimiento de los 90 "Nuevo Cine Mexicano" -esta serie de personas dedicadas al cine que prometieron bastante y quedaron a deber un poco más- vuelve a la marquesina con una buena película que pareciera el retrato abstracto -y ni tanto- del pensamiento profundamente arraigado en cuanto a creencias y costumbres (y eso que me quedo corto) de la sociedad mexicana, Desierto Adentro.
Nos encontraremos con una profunda historia llena de matices y peculiaridades. Un campesino con una devoción -a su conveniencia- explícitamente entendible para nosotros que se ve perturbada por sus malas acciones, entrando así a un mundo creado por sí mismo en donde un supuesto pecado imperdonable lo ha marcado de por vida por una condena de Dios, llevando consigo a sus propios hijos.
Claro, no todo lo que brilla es oro. Dos horas en la sala de cine bien pudieron parecer tres para mí. Una forma de llevar la trama de una manera lenta, sin exagerar, ensalsa a la mayoría de las críticas.
Un mensaje lleno de oscuridad. Y digo oscuridad porque es ahí en donde aparentemente no se vé nada, pero en donde ese nada puede ser un gran baúl de indirectas de carácter estruendoso.
Una reflexión sobre el desierto en que vivimos y sobre los desiertos que creamos dentro del mismo. Un vistazo al metatexto de la Biblia, y otro al discurso de la Ilgesia. Una lluvia de impactos que le pegan a cualquier persona, aunque en primera instancia lo neguemos a morir.
Un filme que incluso, toca temas complejos como la cosmovisión propia de un pueblo y la religión. Pero también un filme que retrata fácilmente la basura mental con la que nacemos, crecemos y morimos.
Imcine, que desde hace tiempo no era ovacionado, ahora tampoco lo es -por infinidad de razones-. Un gran aplauso para Rodrigo Plá, un guerrero en el desierto, me parece mejor. Nos encontraremos de nuevo.
Ficha Técnica
Título original: Desierto Adentro
Dirección: Rodrigo Plá
Actores: Mario Zaragoza, Jimena Ayala, Dolores Heredia, Luis Fernando Peña y Diego Cataño
Guión: Abby Kohn y Marc Silverstein
Producción: Germán Méndez y Rodrigo Plá
Compañías: IMCINE-FOPROCINE / Instituto Cinematográfico Lumiere / Universidad de Guadalajara / Estudios Churubusco Azteca / Elisa Salinas Corp. / Buenaventura Producciones
Género: Drama
País: México
Duración:112 min.
Idioma: Español
Año: 2008
Estreno en México: 13 de marzo de 2009

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